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Peripecias con la conexión DSL.

Escrito por guialven el 15 de junio de 2007 en Internet, Mi vida

Una de las máximas de la informática es que cuando algo está funcionando lo mejor es no cambiarlo a menos que sea absolutamente imprescindible.

Y si no hay más remedio que hacerlo, siempre hay que tomar precauciones: copia de seguridad de todos los datos, copia de seguridad de varias versiones anteriores de lo que estemos programando, copia de los programas que desinstalemos por si hay que volver a instalarlos, etcétera, etcétera.

Lo mejor es ponerse en lo peor, por mucha experiencia que tengamos y muchas precauciones que tomemos. Al final, muchas veces, ocurre algo peor de lo que habíamos pensado que podía ocurrir, 😀 .

Supongo que habrá una ley derivada de la ley de Murphy específica para sistemas informáticos que diga algo así como que «cualquier cambio en cualquier sistema que tenga una parte informática, por pequeño que sea el cambio y por pequeña que sea la parte informática del sistema, acabará provocando un problema en todo el sistema».

Y si el que tiene que hacer el cambio es la compañía teléfonica de turno, la catástrofe parece inevitable. Al menos esa es mi experiencia a lo largo de los años.

Hace un mes y medio nos empezaron a llamar de nuestra compañía telefónica diciéndonos que nos hacían una oferta 20 euros más barata al mes y que nos multiplicaban la velocidad de conexión a Internet.

Tras comprobar que nuestro modem-router funcionaría con la nueva velocidad, 6 megas, y viendo que era más barato dijimos que sí. Nos ofrecieron la posibilidad de recibir gratis un nuevo modem-router pero ya teníamos 3 que nos servían hasta 8 megas, así que decidimos pasar de coleccionar más aparatos.

Al cabo de unos días nos volvieron a llamar diciéndonos que habían visto que teníamos una nueva conexión y que por el mismo precio nos daban la opción de que cuando estuvieramos de viaje podríamos conectarnos gratuitamente a Internet con el portátil a través de todos sus hotspots en Alemania.

Preguntamos si todos los cambios prometidos anteriormente seguían en pie y nos dijeron que sí, que era algo adicional por el mismo precio. Nos dijeron que para que los cambios tuvieran efecto no tendríamos que hacer nada.

Los cambios iban a tener lugar en 2 fases, pues habíamos dado la conformidad en 2 fechas diferentes, pero nos comentaron que para nosotros todo el proceso sería transparente.

Como supongo que habrá otra ley derivada de ley de Murphy que esté enfocada a la informática y que diga que «por más veces que hayas tenido un problema informático, es inevitable pensar que a la siguiente ocasión no va a ocurrir nada pero también es inevitable que ocurra», nos creímos lo que nos contaron y esperamos los cambios.

A finales de mayo la velocidad de la conexión DSL subió sin problemas a 6 megas. «Qué bien, por una vez no ha habido problemas con ellos», pensé yo. Así que faltaba ya sólo el segundo cambio.

Menos mal que iba a ser automático y transparente para nosotros: hemos estado día y medio sin Internet, hasta hoy a mediodía.

Supongo que no hay día bueno para que te surjan problemas, pero ayer especialmente tanto Sonia como yo teníamos que hacer cosas importantes vía Internet.

Ayer dejó de funcionar Internet y tras pasar unas horas decidimos que lo mejor era llamar al servicio de atención al cliente. Llamó Sonia y le dijeron que hasta las 23 horas 59 minutos del día del cambio era posible que la nueva conexión no funcionara.

Nos esperamos a ver si con el cambio de día funcionaba la conexión. Y no, no funcionaba. Decidimos darle de tiempo hasta hoy por la mañana a ver si se solucionaba el problema.

Pero ni así. La conexión seguía sin funcionar. Sonia ha vuelto a llamar esta mañana al servicio de atención al cliente y finalmente, tras conseguir un par de teléfonos más, ha aparecido la raíz del problema.

«bla … bla … bla … su conexión de 16 megas … bla … bla … bla». ¿Cómo que 16 megas? ¿No eran 6 megas? Pues no. Resulta que el último cambio también incluía esa subida de velocidad pero por teléfono no nos comentaron nada.

Tras comprobar las especificaciones, hemos visto que ninguno de los 3 modem-routers que tenemos en casa nos servía. Y si nos mandaban uno había que pagar 130 euros y llegaba el miércoles. Así que al final me he ido esta mañana a la oficina en Lippstadt de la compañía en cuestión.

Tras comprobar que hay gente que se debe de aburrir en casa y se va a las tiendas a preguntar gilipolleces y pasar el rato, he conseguido que me atendieran.

Les he explicado todo el jaleo y la solución que me daban era un nuevo modem-router por 130 euros y que, cómo lo tenían que mandar desde la central, encima llegaría el miércoles a casa.

Les he preguntado que por qué con el primer cambio sí podíamos recibir un aparato nuevo gratuitamente y con el segundo cambio no. Me han dicho que el primer cambio era un cambio de contrato y el segundo cambio era un cambio en las condiciones de la tarifa y que no daba derecho a un nuevo modem-router gratuito. También me han dicho que podía hacer una reclamación explicando todo pero que tardaría varios días.

Como no tenía ganas de discutir y lo que quería era una conexión DSL funcional, les he dicho que la solución sería que me bajasen la conexión a 6 megas y así poderme conectar con el modem-router que tenía en casa, sin pagar un euro y con megas de sobra para conectarme. ¿Para qué queremos 6 megas durante el 99,99% del tiempo? Y en ese 0,01% del tiempo podemos esperar unos segundos más sin problemas.

Al oír que quería que me bajaran la velocidad me han puesto cara extraña. Pero han llamado a la central y me han dicho que les han dicho que podían cambiar la velocidad como muy pronto el lunes.

«Perfecto», he pensado. No puedo tener un modem-router suficientemente rápido, ni pagando, hasta el miércoles ni pueden bajarme la velocidad hasta el lunes para conectarme con mi viejo aparato.

Así que les he dicho que creía que lo mejor iba a ser buscar un modem-router adecuado en algún otro sitio porque necesitaba conectarme a Internet hoy mismo.

Y entonces va y me salta la persona que me estaba atendiendo: «Bueno, hay una posibilidad. Usted nos compra un modem-router que tenemos aquí por 130 euros, lo utiliza hasta el lunes o martes cuando le bajen la velocidad y entonces nos lo devuelve y le devolvemos el dinero».

He pensado de todo en ese momento, como por ejemplo que por qué teniendo un router allí y costando lo mismo que si lo mandaban desde la central no habíamos empezado por ahí. Pero la prioridad era conseguir una solución. Así que le he dicho que sí y eso hemos hecho: he comprado el modem-router para devolverlo el lunes o martes cuando me bajen la velocidad de conexión.

En fin, día y medio sin conexión para conseguir solucionarlo todo y quedarnos como antes del segundo cambio. Pero si hemos de pagar 130 euros más por el aparato, ¿de qué nos sirve que nos den una superconexión? Total, con 6 megas vamos sobrados.

Siempre que pasa algo parecido piensas que la próxima vez hay que preguntar absolutamente todo, pero cuando llega la siguiente vez por más que preguntes (de hecho comprobamos que los modem-routers que teníamos nos iban a servir) siempre hay algo que se escapa y lo jode todo.

Este incidente me ha hecho pensar en mí y mi relación con Internet. El tener centralizadas muchas cosas en Internet, a la larga, resulta muy cómodo. Pero en días como ayer siento que mi vida depende cada vez más del cable o las ondas que me conectan a la red de redes.

Y me refiero a dependencia para hacer operaciones bancarias, comprar billetes de avión, informarme leyendo periódicos o escuchando radios que de otra forma no podría leer o escuchar, comunicarme vía correo electrónico, almacenar información … o estudiar italiano como hago últimamente.

Todo eso se puede hacer de alguna manera alternativa, pero cuando te acostumbras a hacerlo vía Internet, muchas veces porque resulta más rápido y barato, y la puerta a la red está cerrada, te sientes un poco como en una isla desierta.

Tengo esa gran dependencia, digamos, práctica de Internet, pero también tengo un poco de dependencia que podríamos llamar viciosa, como por ejemplo escuchar nueva música constantemente.

De esa parte viciosa suelo hacer cura de desintoxicación un par de veces al año, en Navidades y en verano.

De todos modos, esa parte la tengo más «controlada» que la dependencia práctica. Por ejemplo, el Messenger, el ICQ, el Skype y demás programas por el estilo no son lo mío. Tuve una temporada en la que visité bastante el mIRC y fue cuando me convencí de que ese tipo de conexiones im-personales no son para mí.

Y menos mal, porque si no fuera así creo que superaría los 50 puntos en el test de adicción a Internet que hice el otro día.

Saqué un 49 y a partir de 50 recomiendan visitar a un psicólogo o un psiquiatra , 😀 . A ver si llega el verano y consigo bajar algún puntillo.

Y vuestra adicción a Internet, ¿cómo anda?

Hay 4 comentarios.

  1. El 15 de junio de 2007, a las 15:09 horas, e qui li qua dijo:

    hola!!!!!!!!!!!

    mi adiccion a internet es casi nula, solo he sacado un 12, no esperaba otra cosa por que creo que yo podria vivir sin internet, la tecnologiay los idiomas, entre otras mil cosas mas, no son de mis fuertes,….

    besitos a tod@s

    espero veros prontito

  2. El 15 de junio de 2007, a las 18:50 horas, guialven dijo:

    Mujer, yo por poder vivir, podría vivir. Pero una cosa es segura: para algunas cosas no me llegaría el tiempo o el dinero y otras sería imposible hacerlas.

    El 21 de julio, sábado, si no pasa nada, estoy en Onda.

  3. El 15 de junio de 2007, a las 19:48 horas, e qui li qua dijo:

    Pues nada el dia 21 tendremos que hacer una fiestiki para darte la bienvenida,…haremos un esfuerzo….., por l@s amig@s lo que haga falta, jejejejeje, Sonia tambien vendra o se ira pa Barna? si viene pa Onda la fiestiki tendra k ser doble!!! K miedo!!!!

    Bueno pues ya no keda na pa vernos, tengo muchas ganicas de volvernos a juntar,…

    Mil besos a tod@s!!!!

  4. El 15 de junio de 2007, a las 20:03 horas, guialven dijo:

    Sonia hasta el viernes 3 de agosto cuando volvamos de Portugal no estará en Onda. Y el día 5 después de comer nos iremos a Barcelona.

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